miércoles, 18 de marzo de 2009

mentiras de una huída

No había palabras dulces, solo sonaba un blues de fondo.
Él salía a toda prisa del despacho, casi ahogándose con su propio corazón.
Al otro lado de la ciudad estaba ella y ése era el porqué de sus pulsos acelerados.
Unidos por imán, sus corazones metálicos.
La radio del 53 y unos zapatos de lunas viejas bailaron en la azotea.
Le leía al oído "La hoja roja" mientras la noche abrazaba su amor.

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